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Cómo interpretar un análisis de ensilado de maíz: guía práctica paso a paso

Sep 23, 2026

 

El análisis de un ensilado de maíz aporta mucha más información que su contenido en materia seca, fibra o almidón. Bien interpretado, permite conocer cómo se ha desarrollado la fermentación, qué valor nutritivo conserva el ensilado y qué factores pueden limitar su aprovechamiento por el animal.

Sin embargo, interpretar una analítica no consiste en comprobar si cada resultado está dentro o fuera de un rango de referencia. Los parámetros están relacionados entre sí y deben valorarse conjuntamente.

Por ejemplo, un pH de 4,2 puede ser perfectamente compatible con un ensilado de maíz relativamente seco, mientras que ese mismo valor puede requerir una interpretación diferente en un material mucho más húmedo. Del mismo modo, una concentración elevada de ácido acético no significa necesariamente que la fermentación haya sido deficiente.

Por eso, para interpretar correctamente un análisis de ensilado de maíz conviene seguir siempre un orden.

Materia seca → pH → perfil fermentativo → fibra → almidón → proteína → diagnóstico global.

1. Materia seca: el punto de partida

La materia seca (MS) indica qué proporción del ensilado corresponde a nutrientes y otros componentes distintos del agua. Pero, desde el punto de vista del ensilado, tiene además una importancia fundamental: condiciona tanto el proceso de fermentación como la capacidad de compactación del material.

Como referencia general, Penn State sitúa aproximadamente entre 32 y 38 % MS una ventana adecuada de cosecha para ensilado de maíz, aunque este rango debe adaptarse al sistema de almacenamiento, al procesado y a las condiciones concretas de cosecha.

Un ensilado demasiado húmedo puede favorecer mayores pérdidas por efluentes y fermentaciones más intensas. Por el contrario, cuando la materia seca es excesivamente elevada, resulta más difícil expulsar el aire durante la compactación, aumentando el riesgo de deterioro aeróbico.

¿Por qué debemos mirar primero la materia seca?

Porque modifica la interpretación del resto de parámetros.

En una amplia base de datos de ensilados de maíz publicada por Penn State, los ensilados con menos del 30 % de MS presentaban, de media, un pH de 3,9 y concentraciones más elevadas de ácidos de fermentación, mientras que los ensilados con más del 35 % de MS presentaban un pH medio de 4,2 y menores concentraciones de estos ácidos.

Por tanto: no debemos interpretar el pH sin conocer primero la materia seca.

2. pH: importante, pero nunca debe interpretarse solo

El descenso del pH es uno de los acontecimientos fundamentales durante el ensilado. La producción de ácidos orgánicos, principalmente ácido láctico, permite acidificar rápidamente el material y limitar el desarrollo de microorganismos indeseables.

En ensilados de maíz correctamente fermentados suelen observarse valores aproximadamente entre pH 3,7 y 4,2, aunque el resultado esperado depende especialmente del contenido en materia seca.

Un error frecuente consiste en asumir que un pH bajo es sinónimo de un buen ensilado. Sin embargo, el pH indica el grado de acidificación alcanzado, pero no permite valorar por sí solo la calidad de la fermentación. Para interpretarlo correctamente debe relacionarse, en primer lugar, con la materia seca y, posteriormente, con el perfil de ácidos de fermentación. El pH nos indica el grado de acidificación alcanzado, pero no explica cómo se ha producido esa acidificación ni cuánto sustrato se ha consumido durante la fermentación.

Por eso, después del pH debemos analizar los productos finales de la fermentación.

pH y materia seca: ¿existe un pH óptimo?

No existe una fórmula universal que permita calcular el pH óptimo de un ensilado de maíz únicamente a partir de su contenido en materia seca. Sin embargo, ambos parámetros están estrechamente relacionados y deben interpretarse conjuntamente.

En general, los ensilados de maíz más húmedos experimentan una fermentación más intensa y alcanzan valores de pH inferiores. A medida que aumenta la materia seca, la fermentación suele ser menos extensa y el ensilado puede estabilizarse con un pH final algo más elevado. Por ello, un mismo valor de pH no tiene necesariamente el mismo significado en un ensilado con 28 % de MS que en otro con 38 % de MS.

Importante: estos intervalos de materia seca son orientativos y no representan puntos de corte para aceptar o rechazar un ensilado. El pH debe interpretarse junto con la MS, los ácidos de fermentación y las condiciones de conservación.

3. Ácido láctico: el principal responsable de la acidificación

El ácido láctico suele ser el principal ácido producido durante una fermentación adecuada del ensilado de maíz.

Las bacterias ácido-lácticas transforman azúcares fermentables en ácido láctico. Debido a su elevada capacidad acidificante, su producción favorece una caída rápida del pH y contribuye a estabilizar el material.

Como referencia, en ensilados de maíz pueden encontrarse concentraciones aproximadas de 3–7 % de la MS, dependiendo de la materia seca, microbiología, condiciones de ensilado y utilización de inoculantes.

Pero tampoco debemos buscar simplemente “cuanto más láctico, mejor”.

Un ensilado muy húmedo puede presentar una producción elevada de ácidos simplemente porque ha experimentado una fermentación más extensa.

La interpretación correcta vuelve a exigir contexto: materia seca + pH + ácido láctico.

4. Ácido acético: ¿es malo encontrarlo elevado?

No necesariamente. Una concentración elevada de ácido acético no constituye por sí sola un indicador de una fermentación deficiente. Su interpretación depende del conjunto del perfil fermentativo y del tipo de fermentación que se haya producido.

El ácido acético tiene menor capacidad acidificante que el láctico, pero presenta una característica muy interesante: posee actividad frente a levaduras y contribuye a mejorar la estabilidad aeróbica del ensilado una vez abierto el silo.

En ensilados de maíz se encuentran habitualmente concentraciones aproximadas de 1–3 % de la MS.

Sin embargo, su interpretación depende también del tipo de fermentación.

Por ejemplo, determinados inoculantes heterofermentativos, particularmente los basados en Lactobacillus brevis, favorecen deliberadamente la formación de ácido acético durante el almacenamiento para aumentar la resistencia del ensilado al deterioro aeróbico.

Por ello: una concentración elevada de ácido acético no puede considerarse automáticamente un indicador de mala fermentación.

Debemos conocer la materia seca, el resto del perfil fermentativo y, cuando sea posible, si se ha utilizado un inoculante y cuál ha sido su objetivo.

5. Relación ácido láctico:ácido acético

La relación entre ambos ácidos puede aportar información adicional sobre el tipo de fermentación predominante.

En una fermentación fundamentalmente homoláctica suele existir un predominio claro del ácido láctico. Como referencia orientativa, en ensilados de maíz convencionales se describen relaciones láctico:acético próximas a 2,5–3:1.

Sin embargo, esta relación no debe utilizarse como criterio universal de calidad.

Un inoculante diseñado para favorecer una fermentación heteroláctica puede reducir deliberadamente esta relación al aumentar la producción de ácido acético.

Por tanto, una relación diferente de la esperada no significa por sí sola que exista un problema.

6. Ácido butírico: una señal de alerta

Aquí la interpretación es diferente. En un ensilado de maíz bien conservado, el ácido butírico debería ser muy bajo o incluso no detectable.

Su presencia en cantidades relevantes puede indicar una fermentación indeseable asociada a microorganismos del género Clostridium. Estas fermentaciones consumen nutrientes y pueden degradar aminoácidos, generando además amoníaco y otros productos de degradación.

La University of Wisconsin utiliza 0 % de MS como valor típico para ensilados de maíz de 30–40 % de MS, mientras que Penn State considera deseable que el butírico sea prácticamente inexistente.

Por tanto, cuando encontramos butírico debemos mirar inmediatamente otro parámetro: el nitrógeno amoniacal.

7. Nitrógeno amoniacal: una ventana a la degradación de la proteína

Durante el ensilado se produce cierta proteólisis de forma natural. Parte de la proteína vegetal se transforma en compuestos nitrogenados más simples y, finalmente, en amoníaco.

El nitrógeno amoniacal (N-NH₃) permite estimar la magnitud de esta degradación.

En ensilados de maíz correctamente fermentados suele representar una fracción relativamente pequeña del nitrógeno o de la proteína total. Como referencia, University of Wisconsin sitúa aproximadamente en 5–7 % de la proteína bruta los valores típicos para ensilados de maíz con 30–40 % MS.

Valores elevados, especialmente cuando aparecen junto con ácido butírico, pueden indicar una fermentación proteolítica indeseable.

NOTA TÉCNICA

¿Se ha utilizado un inoculante? Puede cambiar la interpretación

El perfil fermentativo de un ensilado también puede estar condicionado por el tipo de inoculante utilizado. Por ello, antes de interpretar el pH, las concentraciones de ácido láctico y ácido acético o la relación entre ambos, conviene conocer qué microorganismos se han aplicado.

Los inoculantes pueden combinar bacterias con diferentes vías fermentativas. Las bacterias ácido-lácticas predominantemente homofermentativas, como Lactobacillus casei, transforman principalmente los azúcares fermentables en ácido láctico. Por su elevada capacidad acidificante, este tipo de fermentación favorece una acidificación rápida y eficiente del material, con predominio de la fermentación láctica.

Por otro lado, determinadas bacterias heterofermentativas pueden favorecer una mayor producción de otros metabolitos, entre ellos el ácido acético. Un ejemplo es Lactobacillus brevis. En su evaluación de eficacia, EFSA analizó cinco estudios realizados con forrajes de diferente contenido en materia seca (19–52 % MS) y concluyó que esta cepa tiene potencial para aumentar la producción de ácido acético y prolongar la estabilidad aeróbica del material tratado.

Por tanto, cuando se utilizan conjuntamente bacterias homofermentativas y heterofermentativas, el objetivo tecnológico puede combinar una acidificación eficiente durante las primeras fases de la fermentación con una mayor producción de metabolitos relacionados con la estabilidad aeróbica. El resultado final dependerá de las cepas concretas, sus concentraciones, la materia seca del cultivo, la disponibilidad de azúcares y las condiciones de ensilado.

Esto es importante al interpretar una analítica: un perfil fermentativo diferente al esperado en un ensilado no inoculado no implica necesariamente una fermentación deficiente. La utilización de un inoculante puede modificar deliberadamente la producción y proporción de los diferentes ácidos.

Parámetro L. casei L. brevis
Ácido láctico Favorecido Interpretar en el conjunto del perfil
Acidificación Puede favorecer una acidificación rápida y eficiente No es el principal efecto demostrado por EFSA
Ácido acético Menor protagonismo metabólico ↑ efecto demostrado en los estudios evaluados por EFSA
Relación láctico:acético Tendencia a ser mayor Puede modificarse por el aumento de ácido acético
Estabilidad aeróbica No es el principal objetivo de una fermentación homoláctica ↑ prolongada en los estudios evaluados por EFSA

IMPORTANTE: estas respuestas describen tendencias fermentativas. La magnitud del efecto depende de la cepa, la dosis, el cultivo, la materia seca y las condiciones de ensilado. Por ello, el pH, el ácido láctico, el ácido acético y la relación láctico:acético deben interpretarse conjuntamente y teniendo en cuenta el inoculante utilizado.

 

Llegados a este punto ya podemos hacer una primera lectura de la calidad fermentativa:

Pero todavía no sabemos cuánto valor nutritivo ofrece realmente ese ensilado.

Del proceso de fermentación al valor nutritivo

8. FND: cuánta fibra tenemos

La fibra neutro detergente (FND o NDF) representa principalmente celulosa, hemicelulosa y lignina.

En el ensilado de maíz, su concentración depende de numerosos factores: híbrido, condiciones de crecimiento, madurez de la planta, proporción de grano y momento de cosecha.

Sin embargo, conocer únicamente el porcentaje de FND tiene una limitación importante. No toda la FND tiene la misma digestibilidad. Dos ensilados pueden contener prácticamente la misma cantidad de fibra y comportarse de manera muy diferente en el rumen. Por eso debemos mirar el siguiente parámetro.

9. NDFD: ¿Cuánta de esa fibra puede aprovechar el animal?

La digestibilidad de la FND (NDFD) estima qué proporción de la fibra puede ser degradada bajo unas condiciones determinadas.

Es fundamental comprobar siempre el tiempo de incubación utilizado por el laboratorio —por ejemplo, NDFD30 o NDFD48— antes de comparar resultados.

Penn State describe para NDFD30 valores típicos aproximadamente entre 40 y 60 % de la FND en ensilados de maíz, pero estos valores deben utilizarse como referencia poblacional y no como un umbral universal.

Una mayor digestibilidad de la fibra aumenta la fracción potencialmente aprovechable del ensilado y puede favorecer el consumo de materia seca y la producción en vacas lecheras.

10. uNDF240: la fibra que permanece sin digerir

La uNDF240 representa la fracción de FND que permanece sin digerir después de una incubación prolongada de 240 horas.

Esta fracción está estrechamente relacionada con características como el contenido y distribución de la lignina, la madurez de la planta y el tipo de híbrido.

En ensilados de maíz pueden encontrarse, como referencia, valores alrededor de 7–11 % de la MS.

Cuanto mayor sea la fracción de fibra indigestible, menor será la proporción de fibra potencialmente disponible para el animal y mayor puede ser su contribución al llenado ruminal.

Por eso, para interpretar la fibra conviene pensar siempre en conjunto: FND + NDFD + uNDF240.

11. Almidón: cantidad no significa necesariamente aprovechamiento

El almidón constituye una de las principales fuentes de energía del ensilado de maíz.

Como referencia, los ensilados de maíz suelen presentar aproximadamente 30–40 % de almidón sobre MS, aunque existe una variabilidad considerable.

Pero un porcentaje elevado de almidón no garantiza que ese almidón vaya a ser completamente aprovechado.

La disponibilidad del almidón depende, entre otros factores, de:

  • La madurez del grano.
  • El grado de procesado del grano.
  • Las características del endospermo.
  • El tiempo de almacenamiento del ensilado.

Durante el almacenamiento, la matriz proteica que rodea los gránulos de almidón puede sufrir cambios que aumentan progresivamente su accesibilidad a los microorganismos ruminales.

Por ello, un ensilado recién abierto y el mismo ensilado varios meses después pueden presentar diferente digestibilidad del almidón, aunque su concentración total de almidón sea similar.

Cuando el laboratorio lo permita, resulta por tanto muy útil valorar conjuntamente: % almidón + digestibilidad del almidón + procesado del grano.

12. Proteína bruta: necesaria, pero no suficiente

El ensilado de maíz presenta generalmente una concentración relativamente baja de proteína bruta en comparación con otros forrajes.

Penn State sitúa como referencia aproximadamente 6,5–8,5 % de PB sobre MS.

Sin embargo, desde el punto de vista de la conservación, es más informativo conocer también qué parte de esa proteína ha sufrido degradación durante el ensilado. Por eso, PB y N-NH₃ responden a preguntas diferentes:

PB → cuánto nitrógeno contiene el ensilado.

N-NH₃ → qué grado de proteólisis se ha producido durante la fermentación.

13. Cenizas: una pista que a veces pasa desapercibida

Las cenizas representan la fracción mineral total del alimento.

Un contenido anormalmente elevado puede ser una señal indirecta de contaminación con tierra durante la cosecha, aunque no permite diagnosticarla por sí solo, ya que la concentración mineral natural del cultivo también contribuye al resultado.

En ensilado de maíz la contaminación con suelo suele ser menos problemática que en forrajes segados, pero merece la pena revisar este parámetro cuando aparecen valores inesperadamente elevados.

NOTA TÉCNICA

¿Puede un inoculante modificar el valor nutritivo del ensilado?

El efecto de un inoculante no se limita al perfil fermentativo. Una fermentación eficiente y una adecuada estabilidad del ensilado pueden contribuir a conservar una mayor proporción de la materia seca y de los nutrientes presentes originalmente en el cultivo.

Esto no significa necesariamente que el inoculante “aumente” el contenido en nutrientes. En muchos casos, el beneficio debe interpretarse como una reducción de las pérdidas producidas durante la fermentación, el almacenamiento o la exposición al aire.

En su evaluación de eficacia de Lactobacillus casei , EFSA concluyó que la cepa tiene potencial para reducir las pérdidas de materia seca y mejorar la conservación de la proteína durante el ensilado de materiales fáciles y moderadamente difíciles de ensilar.

Por su parte, Lactobacillus brevis  mostró un efecto diferente y complementario: EFSA observó una mayor producción de ácido acético asociada a una prolongación de la estabilidad aeróbica del ensilado tratado. Esta mayor resistencia al deterioro una vez abierto el silo puede contribuir a limitar las pérdidas de materia seca y de valor nutritivo durante el desensilado.

IDEA CLAVE: el objetivo no es necesariamente obtener un ensilado con “más nutrientes”, sino conservar la mayor proporción posible del valor nutritivo original del cultivo.

APUNTE TÉCNICO · XILANASA

Algunos inoculantes incorporan enzimas fibrolíticas, como las xilanasas. Estas enzimas hidrolizan enlaces presentes en los xilanos y arabinoxilanos de la hemicelulosa, pudiendo aumentar la disponibilidad de determinados carbohidratos como sustrato para las bacterias ácido-lácticas y favorecer el proceso fermentativo.

Xilanos y arabinoxilanos → hidrólisis parcial → mayor disponibilidad de determinados carbohidratos → fermentación

Sin embargo, es importante diferenciar entre acción sobre la pared vegetal y mejora de la digestibilidad de la fibra. Una modificación de componentes de la hemicelulosa no implica automáticamente un aumento de la NDFD.

A partir de aquí, parámetros como la FND, NDFD, uNDF240, almidón y digestibilidad del almidón nos permiten valorar qué aporta realmente ese ensilado a la ración. 

Cómo integrar todos los resultados

El mayor error al interpretar una analítica es intentar diagnosticar el ensilado parámetro por parámetro.

La pregunta correcta no es: ¿Está bien este pH? Sino: ¿Es coherente este pH con la materia seca, los ácidos producidos y el resto del proceso fermentativo?

Y lo mismo ocurre con su valor nutritivo.

Una forma práctica de seguir la analítica es:

  • Fermentación

Materia seca → pH → ácido láctico → ácido acético → relación láctico:acético → ácido butírico → N-NH₃

  • Valor nutritivo

FND → NDFD → uNDF240 → almidón → digestibilidad del almidón → proteína

  • Diagnóstico

Finalmente debemos integrar ambos bloques:

  • ¿Cómo se ha conservado el ensilado?
  • ¿Qué valor nutritivo conserva?
  • ¿Dónde está su principal limitación?

Ejemplo práctico: interpretar un análisis de ensilado de maíz

 

Imaginemos un ensilado con los siguientes resultados:

Paso 1. Materia seca

Un 35 % MS se encuentra dentro de una ventana habitual de cosecha para ensilado de maíz.

Paso 2. pH

Un pH de 3,9 es coherente con una acidificación adecuada para esa materia seca.

Paso 3. Perfil fermentativo

Existe predominio del ácido láctico sobre el acético, no se detecta ácido butírico y el N-NH₃ es bajo.

En conjunto, el perfil sería compatible con una fermentación adecuada.

Paso 4. Fibra

Una FND del 39 % debe interpretarse junto con su digestibilidad. Una NDFD30 del 56 % y una uNDF240 del 8 % se encuentran dentro de valores habitualmente observados en ensilados de maíz.

Paso 5. Almidón

Un 35 % de almidón indica una contribución importante de grano y energía, pero todavía sería necesario conocer el procesado y/o la digestibilidad del almidón para valorar completamente su aprovechamiento.

Diagnóstico global

La información disponible sería compatible con un ensilado correctamente fermentado y con una composición nutricional favorable.

Pero todavía no podríamos afirmar que es un ensilado “excelente” únicamente con estos datos.

Para valorar completamente su potencial nutricional sería conveniente conocer, entre otros factores, el procesado del grano, la digestibilidad del almidón y las condiciones reales de estabilidad durante el desensilado.

Un análisis no es una nota: es una herramienta de diagnóstico

Interpretar correctamente un análisis de ensilado de maíz requiere abandonar la idea de buscar simplemente valores “buenos” o “malos”.

La materia seca condiciona la fermentación. El pH debe relacionarse con los ácidos producidos. El ácido acético debe interpretarse teniendo en cuenta el tipo de fermentación. La cantidad de fibra debe analizarse junto con su digestibilidad y la fracción indigestible. Y el contenido en almidón debe complementarse con información sobre su disponibilidad.

Solo cuando todos estos parámetros se interpretan conjuntamente podemos pasar de una simple analítica a un verdadero diagnóstico del ensilado.

Y ese diagnóstico permite tomar mejores decisiones: ajustar la ración actual, detectar problemas de conservación y, sobre todo, identificar qué aspectos de la cosecha y del proceso de ensilado podemos mejorar en la siguiente campaña.

 

Fuentes

  • Penn State Extension. Key Forage Quality Metrics for Corn Silage. 2026.
  • Penn State Extension. What’s in Your New Crop Corn Silage? Actualizado en 2025.
  • Penn State Extension. Corn Silage Production and Management.
  • University of Wisconsin–Madison, Division of Extension. Using Lab Tests to Estimate Forage Stability and Fermentation Efficiency.
  • University of Wisconsin–Madison, Division of Extension. MILK2024 – Background and Guide.
  • Kung L. Jr. et al. Silage review: Interpretation of chemical, microbial, and organoleptic components of silages. Journal of Dairy Science. 2018.
  • Muck RE, Nadeau EMG, McAllister TA, Contreras-Govea FE, Santos MC, Kung L Jr. Silage review: Recent advances and future uses of silage additives. Journal of Dairy Science. 2018;101:3980–4000.