Cuando hablamos de aromas en alimentación animal, es fácil pensar en una función sencilla: hacer que el pienso tenga un perfil aromático agradable.
Sin embargo, antes y durante la ingestión, el animal recibe diferentes estímulos procedentes del alimento. Olor, sabor y características físicas forman parte de esa percepción y pueden intervenir en su aceptación.
Por eso, incorporar un aroma al pienso no consiste únicamente en añadir una nota olfativa. El aroma pasa a formar parte del perfil sensorial del alimento y de la información que el animal recibe cuando entra en contacto con él.
Para entender qué puede aportar, primero necesitamos diferenciar tres conceptos que están relacionados, pero no significan exactamente lo mismo: aroma, palatabilidad y consumo.

¿Qué entendemos por palatabilidad?
La palatabilidad describe las características que hacen que un alimento resulte más o menos aceptable para el animal. En ella intervienen diferentes propiedades sensoriales, entre ellas el olor, el sabor y la textura.
La importancia de cada estímulo puede variar según la especie, la edad, la experiencia previa del animal y las propias características del alimento.
Pero palatabilidad y consumo no son exactamente lo mismo.
La ingestión está regulada por múltiples factores. Además de la percepción sensorial, intervienen la detección de nutrientes y las señales que se generan después de la ingestión [1].
Por eso, modificar el perfil aromático de un pienso puede influir en su percepción y aceptación, pero no significa necesariamente que vaya a aumentar el consumo. Para demostrar un efecto sobre la ingestión o el rendimiento productivo necesitamos evaluarlo específicamente en los animales y condiciones correspondientes.
El olfato empieza a actuar antes de que el animal coma
Una particularidad del aroma es que puede ser percibido antes de que el animal ingiera el alimento.
Los compuestos volátiles liberados por el pienso alcanzan el sistema olfativo y proporcionan información sobre sus características. Cuando el alimento entra en la boca, a esa información se añaden el gusto, la textura y otros estímulos.
Por eso, olor, sabor y aroma no son exactamente lo mismo, aunque en el lenguaje cotidiano los utilicemos a veces como sinónimos.
La respuesta a un determinado aroma tampoco tiene por qué ser idéntica en todos los animales. En lechones, por ejemplo, se ha observado que la respuesta frente a distintos aromas puede estar condicionada por la experiencia previa y por la forma en que se presentan los estímulos [2].
¿Qué función tienen entonces los aromatizantes?
La legislación europea incluye los aromatizantes dentro de la categoría de aditivos sensoriales y los define como sustancias cuya inclusión en los piensos aumenta su olor o palatabilidad [4].
Esta definición sitúa bien su función: los aromatizantes se utilizan para actuar sobre las características sensoriales del alimento.
A partir de ahí, podemos plantear diferentes objetivos: proporcionar un determinado perfil aromático, trabajar sobre la aceptación del alimento o contribuir a mantener una referencia sensorial más consistente en el pienso terminado.
Y este último punto resulta especialmente interesante en alimentación animal, porque la fórmula del pienso no siempre presenta exactamente el mismo perfil sensorial.
La fórmula del pienso también tiene un perfil sensorial
Un pienso compuesto puede contener cereales, fuentes proteicas, grasas, minerales, vitaminas, aminoácidos y diferentes aditivos. Cada ingrediente aporta sus propias características al producto final.
Además, las materias primas pueden variar en función de su origen, procesado o condiciones de conservación. Los cambios en la formulación y en el propio proceso de fabricación también pueden modificar las características sensoriales del pienso.
El animal no percibe cada ingrediente por separado. Lo que encuentra en el comedero es el resultado del conjunto de la fórmula y de todo el proceso de fabricación.
Por eso, otro de los objetivos de la aromatización puede ser trabajar sobre la identidad sensorial del pienso terminado.
La consistencia sensorial también importa
Pensemos en dos lotes consecutivos de un mismo pienso.
Ambos pueden estar formulados para cumplir las mismas especificaciones nutricionales y, sin embargo, presentar algunas diferencias sensoriales. Un cambio de origen o lote de una materia prima, una modificación en su nivel de inclusión o determinadas variaciones durante el procesado pueden contribuir a modificar el perfil final del alimento.
La utilización de un perfil aromático definido permite trabajar sobre esa variabilidad y proporcionar una referencia sensorial más consistente al pienso terminado.
No se trata de eliminar las diferencias entre materias primas, sino de incorporar un elemento sensorial definido dentro de una matriz que puede presentar cierta variabilidad entre fabricaciones.
De esta forma, la selección de un aroma puede plantearse no solo en términos de qué perfil queremos proporcionar al pienso, sino también de cómo mantener ese perfil de forma consistente en el producto terminado.
Aroma e intensidad no son exactamente lo mismo
La intensidad con la que percibimos un aroma no describe por sí sola sus características.
Un producto que desprende un olor muy intenso al abrir el envase no tiene por qué proporcionar el mismo resultado una vez incorporado al pienso. Lo importante es qué perfil aromático aporta, con qué intensidad se expresa y cómo se comporta después de la fabricación.
Durante etapas como el acondicionamiento, la granulación y el enfriamiento, los componentes aromáticos pueden verse afectados por las condiciones del proceso [3]. Por eso, cuando evaluamos un aroma para alimentación animal conviene considerar también su persistencia y estabilidad durante la fabricación.
A ello se suma un aspecto físico: el producto debe distribuirse adecuadamente dentro de la matriz del pienso para conseguir una incorporación homogénea.
Por tanto, el aroma que percibimos inicialmente en el producto y el perfil que finalmente encontramos en el pienso terminado no tienen por qué ser exactamente iguales.
Para saber más: en nuestro artículo Aromas en alimentación animal: ¿qué ocurre durante la fabricación del pienso? analizamos cómo las distintas etapas del proceso pueden afectar al comportamiento de los componentes aromáticos. Aromas en alimentación animal: ¿qué ocurre durante la fabricación del pienso? – TECH-COMPLEX
Diseñar una identidad aromática
Seleccionar un aroma para alimentación animal implica considerar algo más que la nota aromática que queremos incorporar.
El perfil sensorial debe mantenerse durante la fabricación y llegar al pienso terminado con las características previstas. Al mismo tiempo, el producto tiene que presentar unas propiedades físicas adecuadas para facilitar su incorporación y distribución en la mezcla.
Esto lleva a considerar conjuntamente diferentes aspectos del aroma: perfil sensorial, intensidad, estabilidad durante el procesado y comportamiento físico.
La gama Cristalfeed POP se ha desarrollado siguiendo este planteamiento, combinando diferentes perfiles aromáticos con tecnologías orientadas a su utilización en las condiciones de fabricación del pienso.
Cristalfeed POP: perfil sensorial y tecnología
Cristalfeed POP incluye diferentes perfiles aromáticos —Red, Vanilla, Fresh y Exotic— y combina su diseño sensorial con tecnologías dirigidas a controlar el comportamiento del aroma durante su incorporación y procesado [5].
Evalock está orientada a proteger los componentes aromáticos frente a las pérdidas por evaporación durante la fabricación, favoreciendo la persistencia del perfil aromático en el pienso terminado.
Rough mono-powder actúa sobre las características físicas del producto, especialmente sobre su fluidez y homogeneidad durante la utilización industrial [5].
Ambas tecnologías responden a necesidades diferentes pero complementarias: proteger el perfil aromático y facilitar una incorporación homogénea del producto en el pienso.
Del aroma a la experiencia sensorial
Cuando seleccionamos un aroma, la pregunta ya no es únicamente «¿a qué huele?».
También necesitamos saber qué perfil queremos proporcionar al pienso, cómo se comportará durante la fabricación y qué características conservará después del procesado.
Esta perspectiva sitúa la aromatización dentro del diseño sensorial del pienso. El resultado depende tanto de los componentes aromáticos seleccionados como de la tecnología utilizada para incorporarlos, protegerlos y distribuirlos en la matriz del pienso.
Por eso, evaluar un aroma únicamente por su olor o intensidad inicial nos proporciona una información incompleta. El objetivo es que el perfil diseñado pueda expresarse de forma adecuada en el alimento terminado.
En el próximo artículo entraremos en la tecnología que hay detrás de la formulación de un aroma para alimentación animal y veremos con más detalle cómo funciona Evalock.
Referencias
Referencias científicas
[1] Roura E, Fu M. Taste, nutrient sensing and feed intake in pigs (130 years of research: then, now and future). Animal Feed Science and Technology. 2017;233:3–12. doi:10.1016/j.anifeedsci.2017.08.002.
[2] Huenul E, Salazar L, Frias D, Videka M, Luna D, Dwyer DM, Figueroa J. Effects of flavour variety on the intake and palatability of commercial feed in nursery pigs. Frontiers in Veterinary Science. 2023;10:1218198. doi:10.3389/fvets.2023.1218198.
Fuente técnica
[3] Phodé. The necessity of flavourings in animal production. All About Feed. Artículo técnico sobre aromatizantes y procesado de piensos.
Referencia normativa
[4] Reglamento (CE) n.º 1831/2003 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de septiembre de 2003, sobre los aditivos en la alimentación animal. Anexo I: categoría 2, aditivos sensoriales.
Documentación técnica del fabricante
[5] Phodé. Documentación técnica de Cristalfeed POP y de las tecnologías Evalock y Rough mono-powder.


